RESPETO

Un recurso y un bien que hay que preservar.
Todo lo que desechamos lo depuramos, para estar seguros de que el medio ambiente que nos rodea esté siempre protegido. Que la vida esté protegida.

ALMACENAMIENTO

Valor prensado

El hollejo para Di Lorenzo es imprescindible. Destilados, granilla de uva, tartrato cálcico, una gran parte de nuestro trabajo deriva de su transformación. Tratamos cantidades importantes, aproximadamente 65 mil toneladas al año, porque somos una de las mayores empresas italianas.

Naturalmente no es la única materia prima que entra en Di Lorenzo, almacenamos también vino y lías de vino para nuestra producción, pero seguramente es la que presenta una gestión más articulada.

Me gusta pensar al hollejo como una cosa viva. Lleno de azúcares fermentables. Que son los que después determinan el potencial alcohólico. Que no dura para siempre.

Por eso, antes de que se evapore, lo prensamos con medios mecánicos, como las excavadoras, de la manera más compacta posible, y luego lo cubrimos con lonas blancas de plástico, lo que permite la formación de una capa superficial capaz de retener durante más tiempo su fuerza etílica.

La velocidad es, en este caso, una condición indispensable.

Una vez compactado, el hollejo no se puede quedar parado durante más de tres o cuatro semanas. De lo contrario no permite un buen rendimiento en la fase de tratamiento.

Para garantizar un flujo continuo en la producción nos hemos equipado con un área de almacenamiento diferente de la que se encuentra dentro de la empresa (de tamaño reducido) en Ponte Valleceppi (Perugia). La hemos localizado, después de un recorrido compartido con las instituciones locales y regionales, en la zona industrial de Marsciano (Perugia).

También nos hemos equipado con una tecnología más moderna para su almacenamiento temporal. Como los silobag horizontales.

Como evoca la misma palabra se trata de silos de polietileno colocados sobre el terreno. Imagínese una gran salchicha. El mecanismo es muy parecido. Los rellenamos, prensándolos, hasta que no están llenos del todo. Después se cierran herméticamente. Están construidos para resistir a fenómenos climáticos exteriores.

También hemos estudiado el color.

Son de color blanco porque de esa manera se reduce el impacto en el proceso de calentamiento global de la tierra, como sugiere el estudio “Bianco riflettente amico dell’ambiente” (Blanco reflejante amigo del medio ambiente), de los profesores Franco Cotana y Federico Rossi del CIRIAF – Centro Interuniversitario de Investigación sobre la Contaminación de los Agentes Físicos.

Además el almacenamiento del hollejo, incluso sin usar silobags, según la ley italiana (art. 272, párrafo I, del Decreto Legislativo 152/2006), se refiere “a las instalaciones y actividades cuyas emisiones son poco relevantes a lo concerniente a la contaminación atmosférica”.

El hollejo es, de todas formas, un fertilizante natural.

Y, como escribe el Tar (Tribunal administrativo regional) de Umbria, en la ordenanza n.º 114 del 10 de septiembre de 2014, “no causa daños a la seguridad pública y a la salud”.

De acuerdo con las autorizaciones obtenidas se podría conservar amontonado, pero nos decidimos a compactarlo en silobags. Para reducir al mínimo el impacto visual.

Nos gusta hacer las cosas de forma adecuada. Respetando las reglas y también la sensibilidad de quien vive a nuestro alrededor.

AGUAS

Ciclo vital

Entre todos los proveedores repartidos por toda la península, el Tíber es sin duda nuestro proveedor principal. Quizás sea al que más queremos. Porque sin él no podríamos dar vida a la elaboración. Pero el nuestro es un “do ut des”. Porque si es verdad que pretendemos tanto, él también exige mucho. En primer lugar, respeto.

El agua es nuestra principal fuente de riqueza. Su ciclo es vital para el buen funcionamiento de la destilería.

Y en Di Lorenzo hay tanta. Una pequeña parte llega del acueducto y se utiliza para usos alimentarios y para los servicios reservados a los trabajadores.

Pero la mayor parte la tomamos del río. En un día aproximadamente mil metros cúbicos. Y se utiliza de dos maneras:
1. un tercio en los procesos productivos y lavados internos;
2. el resto como sistema de enfriamiento.

Toda el agua se acumula en un depósito pulmón. Antes de destinarla a las elaboraciones la decantamos y sucesivamente la desmineralizamos en una instalación por ósmosis inversa.

Cuando llega a nuestras instalaciones ya ha sido tratada. Se emplea para crear el vapor necesario para la desalcoholación y la destilación.

Pero no es la única. En esta fase llega otra contribución con la introducción de la masa de agua asociada a las materias primas: como el agua de drenaje del hollejo (250 metros cúbicos al día), la de las lías elaboradas (200 metros cúbicos) y la parte acuosa del vino (300 metros cúbicos).

Además, reutilizamos la del depurador (500 metros cúbicos) para las disoluciones de nuestros semielaborados (tartrato y hollejos de uva) y para los lavados en el scrubber (torre de lavado) y en el precipitador electrostático por vía húmeda. Todo esto para mejorar la calidad de los humos.

Resumiendo, en Di Lorenzo se utiliza el agua del Tíber, la de las materias primas y la proveniente del depurador.

Toda esta masa de líquidos acaba en la sección de depuración del agua.

Ocupa, dentro de la destilería, una área de aproximadamente 20 mil metros cuadrados. Por el tipo de ciclo depurativo, la tecnología utilizada, la instalación es quizás la más moderna realizada en Umbria.

Constituida por dos secciones:
1. la de digestión anaerobia, donde tiene lugar la producción de biogás, con tres grandes digestores (enlace a la cogeneración)
2. la de desnitrificación, oxidación y nitrificación biológica y decantación (enlace a las enmiendas).

Todas las aguas residuales de los procesos (vinazas) pasan por esta última sección. Donde la flora de las bacterias aerobias, en cubas separadas, permite destruir los nitratos, fase final de la eliminación del nitrógeno, y la carga orgánica mediante el oxígeno.

Para acabar, el paso al sistema decantador biológico y al terciario (donde se elimina el fósforo y los colorantes) completa el trabajo.

Al final del ciclo depurativo, el agua que sale de Di Lorenzo está limpia y depurada, como para poder ser utilizada para el riego.

Nosotros se la devolvemos a nuestro mejor proveedor: el Tíber.

SISTEMAS DE SEGURIDAD Y DE CONTROL

Centinelas incansables

El sistema depurador es la parte más sensible de nuestra empresa. Nosotros nos hemos procurado el más desarrollado tecnológicamente. Éste nos permite eliminar completamente los agentes contaminantes y crear las condiciones para un reciclado virtuoso.

Pero hemos hecho más. Hemos decidido monitorizarlo sin descanso con sistemas de control y de alarmas.

En total son seis:

1. El medidor de caudal en la descarga del sistema depurador;
2. Tres medidores de caudal en las descargas del agua de enfriamiento;
3. Un medidor de temperatura también en la descarga del agua de enfriamiento;
4. Un colorímetro;
5. Un turbidímetro;
6. Un muestreador automático precintado por el Arpa (Agencia Regional para la Prevención y el Ambiente), que se activa en caso de alarma.

El colorímetro y el turbidímetro envían la señal a la centralita de la Agencia Regional para la Prevención y el Ambiente (Arpa), que registra continuamente los valores de las descargas. Los datos se envían cada 15 minutos mediante Global system mobile (Gsm).

Si los valores no cumplen las disposiciones de ley, el sistema de control Arpa activa automáticamente una alarma, tras la cual es realizada una inspección inmediata por parte de las autoridades.

Después, el sistema depurador es vigilado las 24 horas por operadores cualificados que controlan que la instalación funcione correctamente.

En caso de anomalía, la descarga del sistema depurador se puede interrumpir rápidamente y los procesos de fabricación que generan las aguas residuales (vinazas) se pueden detener para impedir que fluyan hacia el depurador.

Entre nuestros sistemas de seguridad también se encuentra una instalación sofisticada contra incendios.

Está formada por una red hídrica enterrada que alimenta hidrantes UNI 70 y 45 en varios puntos de la planta, una red aérea de enfriamiento y apagado de los depósitos del alcohol, instalaciones sprinklers (rociadores de agua) en los locales cerrados o en las instalaciones de mayor riesgo.

Las redes reciben el suministro de diferentes estaciones de bombeo, tanto eléctricas como de combustión interna, y están equipadas con una reserva de agua adecuada. Dicha instalación cumple rigurosamente las estrictas regulaciones contra incendios de las normas vigentes desde el año 2000 y ha sido aprobado por las autoridades de control competentes.

La defensa de aquéllo que nos rodea es una parte importante de nuestro trabajo.

HUMOS

La defensa de la torre

Recuerde esta palabra: scrubber. No suena muy bien, pero seguramente es eficaz. Se trata de una de las dos instalaciones, junto al precipitador electrostático por vía húmeda, empleadas para el tratamiento de los humos.

Una destilería quema energía. Es natural, teniendo que producir el vapor necesario para la destilación. Y la combustión produce a su vez, de manera inevitable, humos.

Los de la destilería provienen de las calderas de biomasa y del secador del hollejo de uva. Pero antes de llegar a la chimenea se someten a un proceso de eliminación de las partículas sin igual.

El primer paso, el más enérgico, lo proporciona el ya citado “scrubber de lavado” (torre de lavado).

Se trata de una torre vertical de acero inoxidable. Donde una serie de nebulizadores por agua colocados en bancos, desarrollan un concentrado de gotitas que moviéndose de manera opuesta al humo, crean un efecto de “lavado”.

El resultado es la eliminación del polvo, de los olores y de las partículas contaminantes en suspensión más gruesas en los humos.

El segundo paso tiene lugar en el precipitador electrostático por vía húmeda. El nuestro es especial. Nos lo ha fabricado a medida la empresa alemana Ewk. Y es una pieza única en su género.

En este último sector, campos eléctricos generados por electrodos de alta tensión atraen y capturan las partículas más finas que todavía se encuentran en los humos. Por lo tanto, en la salida hay un flujo de aire con un porcentaje insignificante de elementos contaminantes.

Habíamos dicho que el tratamiento que reservamos al polvo no tiene comparación.

El límite que permite la normativa actual es de 50 miligramos por cada normal metro cúbico de humo.

Lo que sale de nuestra chimenea, sin embargo, presenta una emisión de polvos de 3,5 miligramos por metro cúbico de humo. Con la calculadora en la mano significa el 94% menos respecto al límite permitido.

Ésto también es respeto por el medio ambiente y por la vida.