TRABAJO

Para nosotros el trabajo lo es todo. Nos da el sentido de nuestra dimensión.
Nos lleva a ponernos cada día en tela de juicio, regala esperanza para nuestros hijos.
El trabajo es comunidad, es responsabilidad. Es futuro.

QUIÉNES SOMOS

Cuatro generaciones de empresarios

Para nosotros de Di Sarno, hacer destilados siempre ha sido una cuestión de sangre, nos fluye dentro. Somos destiladores desde hace más de cien años, desde cuando mi bisabuelo Antonio cogió por primera vez un alambique a finales del siglo XIX.

Pero trabajar bien o saber ejercer un oficio a veces no es suficiente.

Hace falta algo más. Hace falta una visión de futuro, una capacidad para arriesgar, la valentía para elegir. Si existe una característica que distingue a mi familia, un hilo rojo que une cuatro generaciones de empresarios, es la capacidad de cambiar, de participar activamente, de arriesgar.

Como hizo Guglielmo Di Lorenzo, mi tío abuelo.

Él intuyó y tuvo el ánimo, en los años treinta, para emigrar de Sant’Antimo, en Campania, población famosa por la tradición en la destilación, a Castel Fiorentino en la Toscana.

En esa época se hizo cargo de una destilería local iniciando una producción propia. Fue un hombre de negocios moderno e inteligente, capaz de combinar, ya en aquel momento, el desarrollo y la responsabilidad social, abriendo, por ejemplo, una serie de orfanatos.

Además fue él quien estableció las bases para el oficio de mi padre, que se unió a él una vez acabado el colegio. Y aprendió el arte.

A Umbria llegamos en los años cincuenta. Mi tío abuelo se hizo cargo de una pequeña destilería en las afueras de Perugia que había tenido tres gestiones que habían quebrado. Cambió el nombre: ya no se llamó “Distillerie Umbre”, sino “Distillerie G. Di Lorenzo” (marca que resiste hasta hoy).

Mi padre, que entonces tenía unos veinte años, fue el encargado de dirigirla. A continuación, en los años sesenta, tras la muerte de mi tío, tomó el control de la sociedad.

Con su gestión también empezaron las inversiones.

Las más importantes entre el final de los años setenta y el final de los años ochenta. Gracias a las aportaciones de la CEE para toda la industria del vino, se reconstruyó la destilería, las instalaciones de depuración, las calderas de biomasa, se puso en marcha la producción de tartrato y se crearon los depósitos de almacenamiento.

Mi padre estableció las bases para el desarrollo futuro.

Pero como todas las destilerías de la época estábamos atados al doble hilo de la financiación estatal. La separación fue una decisión valiente y con visión de futuro.

Fue tomada cuando asumí, con la ayuda de mi hermana Irma, la gestión de la empresa, a los diecinueve años, tras la trágica muerte de mi hermano Guglielmo y la muerte de mi padre dos años después.

Experimentar nuevos caminos ha sido nuestra intuición más grande.

Desde entonces hemos invertido con decisión en tecnología, nos hemos dotado de instalaciones de destilación y de depuración a la vanguardia, hemos pasado de 50 trabajadores en total a casi el triple. La apertura al mercado nos ha permitido no estancarnos en una sola producción, sino que nos ha transformado en un grupo capaz de adaptarse a los cambios.

De esta manera, por ejemplo, al final de los años noventa hemos apostado por la producción del “brandy italiano”, considerada marginal. En pocos años en el sector nos hemos convertido en una de las empresas líderes de Europa entre el general escepticismo de la competencia.

Tratar grandes cantidades de vino, esenciales para la fabricación de aguardiente envejecido, también nos ha permitido conseguir los subproductos, lías y hollejos, a buenos precios y resistir, entre otras cosas, a la competencia china en la producción de tartrato cálcico.

Y aun cuando el mercado europeo del vino se reformó en el 2008, favoreciendo la competencia desleal española en la producción de aguardiente, tuvimos la fuerza para cambiar, centrándonos en el alcohol desnaturalizado para uso industrial y en la cogeneración utilizando una sofisticada instalación de biogás.

Nuestro oficio sabemos cómo hacerlo. Durante cuatro generaciones.

¿Le parecen pocas?

LA EMPRESA

Pequeña joya tecnológica

Para mí la destilería lo ha sido siempre todo.

Ha sido al mismo tiempo un lugar de trabajo, un refugio, una casa, la mía y la de mi familia, y desde pequeño, mi parque para jugar.

En la planta Di Lorenzo hemos conservado la vivienda histórica y una parte de fábrica en obra, como recuerdo del pasado.

Pero, en el interior, sus instalaciones son un pequeño concentrado de tecnología.

Tenemos una para la producción de alcohol neutro, aguardiente y destilado bruto.
Está formada por columnas de destilación de vacío con doble efecto e hidroselección, que garantizan una mayor calidad al alcohol.

Una para la producción de grappa.
Presenta una serie de columnas de destilación en cobre a presión atmosférica que trabajan con el método tradicional. Permiten capturar todo el aroma del destilado.

Otra solo para producir alcohol destinado a uso industrial.
El potencial de estas instalaciones, cuyo producto se destina esencialmente a la desnaturalización, llega a cien mil litros por día.

La fábrica de desnaturalización es nuestro orgullo más reciente.
La hemos pensado para dar valor a nuestra producción de alcohol industrial, creando la mezcla ideal para el cliente. En Italia solo otras tres empresas tienen nuestra misma fuerza de producción.

Sin embargo la fábrica de licores es la envidia de muchos.
En nuestra fábrica embotelladora nos ocupamos de envasar la grappa tanto con nuestra marca como con la de cualquiera que desee producir una personalizada con su propio nombre. Se puede elegir el tipo de destilado, entre los muchos disponibles, o destilar como se debe calidades específicas de hollejo entregadas por el cliente. Trabajamos con cualquier tipo de botella, que puede variar según la forma o la capacidad, personalizando el envasado.

Al final a nuestros almacenes llegan productos acabados.
La destilería tiene una capacidad global de 20 millones de litros (incluyendo los almacenes de Ponte Valleceppi y Ponte Nuovo de Torgiano), con depósitos de acero inoxidable aptos para almacenar y no perder los aromas de nuestros productos.

LAS PERSONAS

El hombre en el centro

Ella es Irma, mi hermana.

Juntos llevamos adelante nuestra destilería desde hace más de veinte años. Es mi punto de referencia en la empresa, muy a menudo mi ancla.

Además de ser el otro lado de mi carácter. Ella, más reflexiva y tranquila. Yo, más impetuoso e impulsivo.

Con Irma hemos compartido todo. Los momentos de dificultad, los de expansión, los de reflexión, los de riesgo.

Dentro de Di Lorenzo tenemos tareas separadas. Yo me ocupo de estrategia e inversiones. Ella de la parte financiera, vital para el desarrollo de una empresa.

Juntos hemos seleccionado el personal, del que estamos orgullosos y el cual forma el esqueleto de nuestra industria. Cada uno, en su papel, es fundamental para el funcionamiento de la destilería.

Hemos formado, además, un grupo dirigente joven y capaz, la edad media es de aproximadamente 40 años.

Para nuestro trabajo son indispensables. Yo, por ejemplo, vivo conectado a mi responsable de compras, Giuseppe Cristantielli, y al director comercial, Massimiliano Caselli. Irma, sin embargo, viaja en tándem con Monia Casciari, su mano derecha en la administración.

Otras figuras principales son Massimo Medri, gerente de la planta, Federico Rossi, gerente técnico, es decir, lo que antes se definía como capataz, Debora Bianconi, jefe de medio ambiente y certificaciones, Alessandro Scurelli, el maestro destilador. Y, para acabar, Alessandro Grelli, jefe mecánico, quien se ocupa del mantenimiento de las instalaciones. Se ha unido a nosotros sustituyendo a su padre Aldo, que se jubiló hace unos años.

Sin ellos, mi trabajo y el de Irma sería más complicado.

Si hay una cosa de la que estoy orgulloso es de haber creado un mecanismo que pone en el centro la persona.

En 1995 teníamos aproximadamente 50 entre empleados y colaboradores. Actualmente, después de veinte años, ese número se ha triplicado.